martes, 5 de abril de 2011

Viaje a Rishikesh



El camino entre Nueva Delhi y Rishikesh, región montañosa de los Himalayas, ubicada a un costado del Rio Ganges, es tan caótico como peligroso. Nadie respeta las señales del tránsito aquí en Uttar Pradesh y probablemente en ningún lugar de Indiasea más polvoriento y haya enormes trechos en que uno conduzca a ciegas, y es usual que camiones de enormes dimensiones pero de escasa estructura, se abalancen sobre cualquier vehículo con ánimo de adelantarlo. "Todos quieren llegar primero", me dice mi compañero de viaje, aun a costa de sus propias vidas. Debo haberme salido del camino unas cuatro veces por esquivar vehículos y camiones que se venían en sentido contrario adelantando, dos de las cuales estuvimos a punto de caernos a grietas profundas o atropellar caminantes que van por los bordes sin ningún cuidado o previsión. Pareciera que a nadie le importa demasiado. Tampoco si el medio de transporte es seguro o marcha a 5 kilómetros por hora. Con tal que te lleve a alguna parte, todo bien. Por eso es común ver camiones repletos de personas amontonadas de pie o en posición de loto, carretas movidas por búfalos o pequeñas combis saturadas de gentes apiñadas como en latas de sardina. De hecho la mayoría del transporte público se realiza en ese tipo de buses, sin aire acondicionado y dónde todos se ubican unos encima de otros en un viaje que puede durar horas interminables. En nuestro caso, debido al mal estado de la ruta y a la cantidad de población que puede cruzarse en tu camino, el viaje de 200 kilómetros que comenzamos a las 10 de la mañana, terminó a las 10 de la noche, en la zona oriente del Ganges. 







Mi compañero de ruta y yo buscando un ashram dónde quedarnos a meditar, finalmente cruzamos el rio y nos internamos en la montaña llegando de noche a un monasterio atiborrado de peregrinos, vacas, gringos y santones, incluso despiertos y activos a esa hora de la noche. Aunque era la final del campeonato mundial de Cricket entre India y Sri Lanka, a nadie le importaba mucho perderse el evento, salvo a un grupo de locales reunidos en torno a un televisor en plena calle que gritaba y saltaba cada vez que había una carrera que restara puntos al equipo contrario.

En 1968 los Beatles llegaron al ashram de Mahareshi Mahesh Yogi en Rishikesh y compusieron casi la totalidad de los temas de su extraordinario Album Blanco, incluyendo John Lennon "The happy Rishikesh song", que se volvería un himno de los buscadores occidentales en esta zona, plagada de cobras, monos y hippies que se mezclan con mendigos y verdaderos maestros yogis que viven en la pobreza absoluta, algunos en cuevas, meditando sin comer nada día y noche.


Al otro día nos levantaríamos temprano para bañarnos en el gélido e impoluto (a esa altura) Ganges y partir en nuestra peregrinación montañas arriba, otros 100 kilómetros en busca del templo donde el mito señala que Shiva, luego de beber un poderoso veneno se sentó a meditar. Ese día llegaríamos al templo erigido en las montañas. Exactamente el lugar de la meditación de Shiva, es una habitación oscura por el hollín de las cenizas y el incienso permanentemente alimentado por monjes, en torno a una red de flechas y tridentes tiznados. En la entrada hay puesto un símbolo más antiguo que la civilización misma y que en occidente tomaron musulmanes y judíos y que es conocida como la estrella de David, pero que en este caso lleva inserta una swástica con el sentido hacia la derecha, no en el que los nazis tomaron para fundamentar su esoterismo. La swástica representa el girar eterno del universo, con sus cuatro aspas que arman un centro centrífugo hacia el punto infinito que representa la Unidad de Dios y todo lo Creado.


Una nota aparte el hotel en el que nos quedamos: esa noche, luego de hacer la guardia en otro hotel en que se liberaría un pequeño apartamento y que luego de dos horas nos dicen que no hay posibilidad, llegamos al famoso Palace of Barham Hotel, para alojarnos por 800 rupias la noche en unas camas sospechosas, con sabanas usadas seguramente por cuanto turista europeo traspirado pasó por ahí y jamás pasadas por agua. La gente es amable y cariñosa, aunque descuidada. Uno de los dependientes nos golpea la puerta para traernos una toalla y jabón: la toalla está usada, sucia; seguramente se la han venido pasando entre los cuartos y nosotros estamos al final. Hay también un pequeño jabón Lux que han cortado por la mitad, quizá para ahorrar unas cuantas rupias a nuestra costa...

Igual dormí como nunca en mi vida.






miércoles, 30 de marzo de 2011

Dharavi, 2º y 3er día














Están estos carteles con estrellas de cine indio, con tipos abacanados como ASHUTOSH RANA que te observan con esa mirada fija y desafiante, como diciendo “soy el rey de este lugar y me las como a todas”, y siempre con sus bigotes bien cortados y esa luminiscencia de cara lavada con agua de colonia de Duty Free. Y detrás de él, alguna jovencita prototípica de cara redonda y ojos negros penetrantes, enfundada en un sari colorido y vistoso; mirada perdida hacia un horizonte desde dónde todos sabemos ha de venir el tipo abacanado a rescatarla. De alguna forma, es estúpida la mirada de la pobre, tal vez porque es el patrón de belleza y la imagen del amor esperanzado que a todos debe cautivar. Por algo el cine de Bollywood es el más taquillero del mundo, y por algo producen más películas por año.

¿Será así realmente? Mientras caminaba ayer por la zona costera de Bombay, encontré una pareja de enamorados que no parecían tan estúpidos como aquellos del cartel de cine. Creo que ellos, de cierta forma inexplicable, comprenden mejor que nadie que el mar siempre estará como testigo de sus preguntas de enamorados, y no importará si ese mar está contaminado o acarrea hacia sus profundidades las basuras y desperdicios que brotan como la pus de una ciudad indiferente, como es Bombay a ese mar gris, a cuyas playas maravillosas nadie parece darle la más mínima importancia. Salvo ellos:

Luego está la Western Express Highway, que cruza de norte a sur la ciudad, y que después de las 9 de la mañana se vuelve intransitable de motos, buses y automóviles que avanzan centímetro a centímetro ayudados de su claxon y de la pericia de sus conductores. De vez en cuando un accidente, un motorista con la cabeza partida y la camisa y los pantalones raspados y ensangrentados. El de ahora no ha sido grave, pero anualmente hay cientos de atropellos y accidentes fatales. Hace dos días la policía de Bombay en conjunto con el organismo responsable de las morgues lanzó un llamado a todos los posibles parientes o conocidos de alguno de los más de 1600 muertos que yacen en los refrigeradores desde hace más un año. Casi nadie ha intentado, ni siquiera, reconocerlos… “Por favor, aquí están, ya no los podemos tener, ¿puede venir a ver si es su hijo, esposo, padre o abuelito? ¿Será que alguno de estos bultos es el suyo?” Casi nadie va, tal vez porque alguno de sus dioses se hará cargo. Tal vez la vida sea un holocausto, después de todo.


Y Dharavi sea otro mundo. Bulle desde temprano, gente de mil colores, hombres, mujeres, muchos niños que se cuelan entre medio de las calles saturadas de autos y basura. La basura abunda, se desborda. ¿Qué a nadie le importa la basura? Lo que no se ve, sin embargo, son tipos abacanados como Ashutosh Rana, sino gente normal, seria y concentrada que se mueve a algún lugar. Una mujer envuelta en un shador negro que lleva a sus dos crías al colegio por la mitad de la calle esquivando taxis, motos y camiones que bien podría pasarles por encima y mandarlos al Jennah. La fuerza de un camión que la pasa rozando le arranca el trozo de género que usa como hiyab, pero a ella no le importa y sigue avanzando. Un viejo a pie pelado camina por el agua estancada sin temor a infectars. Unos niños de 7 años igualmente a pie pelado que seguramente le están haciendo algún mandado a alguien… o van a la escuela pública, a un costado del sitio baldío y del único resfalín de Dharavi. Un grupo de muchachos que juega cricket entre el polvo, como juegan futbol los mosalvetes en los tierrales de Latinoamérica, pero éstos entre la basura, seguramente imaginándose superestrellas en la semifinal del Campeonato Mundial que ocurrirá hoy entre los archienemigos India y Paskistán. Unos pequeñines desnudos que se entretienen balanceándose en el barco pirata que está al costado...




No veo dónde podríamos vivir aquí si llegamos a trabajar. ¿Quién querrá venirse a vivir aquí? A ratos el olor a podrido, a mierda y a bichos muertos te llega como un manotazo en la cara; y seguramente en esos edificios o bien en esas casuchas amontonadas y sin alcantarilla debe rezumar también un encierro que ni siquiera en Heliópolis alcanzamos a pispar. "Ahí sí que la cosa es seria", me escribió hace poco un amigo de Connecticut.

Las enfermedades extraterrestres abundan. Han venido invasores interplanetarios y les han inoculado un extraño virus alienígena a esta gente para estudiarlos en sus mutaciones. ¿No era que la Lepra ya se había erradicado? En esta calle hay una hilera de enfermos de Lepra que se han sentado con sus jarritos de aluminio a esperar de la caridad pública una dádiva o algún desperdicio. Aquel sin dedos en las manos, aquella otra sin dedos en los pies e incluso ya sin pies ni nariz. La mayoría viejos, pero veo también algunas mujeres jóvenes que improvisan una pequeña tienda entre dos motos estacionadas para cubrirse del sol, pierna estirada sin pie, lindo rostro de mujer y no mayor a 35 años… hablo con ella pero a penas entiende el inglés y me dice que no puede caminar. “Yo sé que sí, sé que está ahí actuando para recibir dinero”- me dice mi acompañante, un indio de 35 años que me traduce y me refuerza la idea de que no tenga piedad, que todo es un show... “porque todos ellos ya están curados”. Pero las heridas de aquella otra vieja son reales, incluso sangran, le digo. La lepra no es chiste, pienso, cómo vas a trabajar si a penas te sostienes en pie y si me tocas me contagio. Ella se rie, no tiene dientes y pasa su lengua como un perro por la carne abierta.

Todo en Mumbay es esa mixtura profunda. Me pregunto dónde viven los ricos o si los ricos viven realmente aquí, porque hasta los barrios más pudientes o aquellos pintorescos de la época inglesa están rodeados de edificios despintados, ventanas abiertas como un buraco café-obscuro que parece no albergar a nadie.

La gente es linda, amable, acogedora, pero parecen explicar todo según el estado de que las cosas poseen un cierto orden imposible de cambiar. Aun así Dharavi bulle, está lleno de comercio, Feet Street es una versión a escala de Estrada das Lágrimas en Sao Paulo, e incluso, pienso con seriedad, si acaso no estará ocurriendo que he llegado a Dharavi justo segundos después del Big Bang. En tan sólo unos cuantos trillones de años luz más, es decir, en un abrir y cerrar de ojos del universo de la pobreza, esto se volverá como el Nodo de Portela en Madureira, Rio de Janeiro. Tal vez no debiéramos ver a este Nodo con los ojos del sociólogo, sino con los del arqueólogo: estamos ante la etapa larvaria de un proceso que llevará todo esto a un sistema de constelaciones comerciales de no-lugares y formalidad. Sólo hay que esperar…

Pero no tengo claro cuanto, claro que no. Aunque por el tamaño de los cientos, miles, millones, billones de pequeños negocios, tiendas y locales de comida, farmacias, repuestos para celulares, peluquerías, tiendas de juegos electrónicos, cocinerías, tiendas de venta de cuero curtido, ropa de cuero, ropa de algodón, sastrerías, reciclado plástico, snacks, fruterías, carnicerías, inmoviliarias y otro tanto infinito universo de soles y lunas, está claro que es mucha la población que los mantiene activos y dinámicos. Probablemente ahí dentro viva algún tipo abacanado como Rana, pero tampoco es seguro. Nada es seguro en realidad. Incluso hasta la belleza física aquí puede ser producto de enfermedades y trabajo esclavo. Muchas mujeres son delgadas (no hay nadie gordo en Dharavi), especialmente las hindúes, que van para acá y para allá acarreando cestas con tierra para fabricar ese barro rojizo con los pies y luego formar los cuencos, platos e incluso ollas de cerámica que luego se venden en la calle a 90 rupias (2 dólares).

No; sin tipos abacanados el horizonte. Sólo en el planeta cine aquí cerca, porque cines hay por todos lados. Pero en la realidad, a diferencia del efecto de las mafias de traficantes de droga en Río de Janeiro que conocimos el año pasado, aquí o la gente se mata por culpa del tránsito, o muere de tuberculosis o alguna inmunodeficiencia inoculada por los alienígenas.


lunes, 28 de marzo de 2011

1er día en Dharavi

Bombay o Mumbay tiende a parecerse a Lima, por el aire abochornado, el calor húmedo y sobre todo, la locura imparable de un tránsito anárquico. Ambas están al borde del mar, sobre los trópicos, y el calor y la humedad, especialmente entre marzo y mayo, cuando empiezan las lluvias, hace el aire pesado y resistente.

Pero Dharavi es algo más, un anexo, un lunar que no tiene comparación. Nunca había visto, sentido, olido y vivido algo así. No tengo palabras todavía. prefiero buscarlas y anteponer unas imágenes que tomé...





















domingo, 27 de marzo de 2011

Estoy más o menos, llegué a Mumbay con la güata echa pedazos, con algunas intentonas de vómito pero nada concreto y sí una diarrea imparable. Anoche, cuando llegué al hotel, me tuve que levantar varias veces al baño, pero sigo con mi güata hinchada y con la sensación de vértigo... ya se qué me está pasando, he tomado puro té (darjeeling, por supuesto) y eso me calma. No fue nada que comí en Sudáfrica o aquí, sino las vacunas que tuve que ponerme en Sao Paulo contra la fiebre amarilla y el sarampión... Entonces es la reacción de mi cuerpo a esos cultivos que entraron a mi cuerpo anteayer... La gente de la embajada de India en Santiago debería indicar que esas vacunas son obligatorias, para no estárselas poniendo el mismo día que uno sale a Bombay... Lo cierto es que estoy mejor. Aquí la gente es muy buena, salvo algunos maleducados que nunca faltan y que te empujan y pasan a tu lado apurados. Todo está lleno de militares armados hasta los dientes a causa de los atentados del año pasado en el Taj Mahal Palace aquí en Bombay (http://edant.clarin.com/diario/2008/11/27/um/m-01811267.htm). Anoche, no tenía dinero para el taxi y no había ningún cajero bueno en el aeropuerto, así que un taxista me trajo y nos vinimos conversando y buscando algun ATM que finalemnte encontramos en medio de un enjambre de gente despierta a las 3 de la mañana haciendo quien sabe qué. El ATM estaba detrás de una reja así que tuvimos que tocar el timbre para que los 4 guardias se avisparan y nos abrieran.



Mi amigo taxista apenas habla inglés, se nota esa debilidad en la gente de clase más baja, que hablan sólo sus dialectos y apenas chapurrean en inglés las palabras más básicas. Los de mejor educación hablan un inglés casi perfecto y existen mucha información pública, noticiarios y actividades que sólo se realizan en inglés. Anoche nos vinimos del aeropuerto por unas calles en muy mal estado, con mucha pobreza y basura, con gente durmiendo sobre cartones bajo los aleros de las casuchas o simplemente debajo de las estradas de las avenidas en altura que recorren la ciudad. En Rio de Janeiro es posible ver favelas por todas partes, a cada rato, pero aquí la cosa es mayor, las favelas son más terribles, pequeñas y sucias, comparadas con las de Rio que son en su mayoría de cemento y ladrillos. Todo el camino del aeropuerto hasta donde estamos está saturado de favelas, aunque el sector en el que estoy podría decirse que es un barrio de clase alta por lo edificios de lujo que lo rodean y unos cuantos parques, pero todo está mixturado. Es cierto que es un poco prematuro hacer estos alcances recién arribado a Mumbay, pero ya mañana pretendo levantarme temprano e irme a Dharavi todo el día. Esa sí que será una aventura.



Mientras tanto, me voy a acostar mientras contemplo el enjambre de avechuchos parecidos a halcones, pero con ese graznido horrible de los cuervos, que circundan el hotel planeando en espera de quizá qué alimaña para alimentarse. Me desperté anoche un par de veces con sus ruidos pero luego volví a dormirme hasta las 4 de la mañana cuando desperté con el Adhán de una mezquita cercana que llamaba a la oración del Fayr, fue extraño y maravilloso; de no haber sido por mi intenso dolor de güata me habría levantado a rezar también.

Aquí está lleno de zancudos (mosquitos), así que fue bueno ponerme las vacunas, aunque me tengan con el culo pegado al water...

jueves, 27 de mayo de 2010

Juguetes en la Favela

Probablemente AK-47 soviético por la forma gastada de la culata, aunque también los hay cortos, como los Kaláshnikov checos que se ven en las guerras de África y son más modernos que los soviéticos; los hay por supuesto IMI Galil israelíes con sus cargadores de plástico y aluminio como los del AK; y también, pero pocos M16, y varios STG 44, muy letales, colgados al hombro de rapers que se podrían ver fácilmente cantando y bailando en vídeos de MTV. Hay también varios guardias caminando por las principales vías centrales de la favela portando lanzagranas del tipo armables y cinturones con granadas y bombas lacrimógenas... Noté cierto nerviosismo en mi acompanhante, pero también observé mucha indiferencia, tal vez naturalidad, en los transeúntes que saturan las vías de arriba a abajo, por lo que me sentí tranquilo, aunque pasan en motos apuntandote mientras se desplazan y mi inexperiencia en zonas de guerra y armas me hace imaginar que una bala se les escapa y me mata. Pero mejor no pensar en eso. Un auto manejado por un borracho en Chile en plenas fiestas patrias puede ser incluso más letal. Aquí hay un orden distinto, los narcos dicen que protegen a la gente a su manera, que la protegen contra la policía misma, a quien casi todos en la favela identifican como los verdaderos "malos de la película".

lunes, 24 de mayo de 2010

"Que la atribución de marginalidad de las favelas no tiene sentido, pues además de crecer junto con la ciudad, representan un gran dinamismo económico, reunen una población que integra el sistema político..." "...representan un segmento muy importante del mercado habitacional popular, mercado que tiene sus propias reglas, diferentes al mercado regular y constituído al margen del poder público."

Hace unos anhos atrás, recorriendo Sudamérica por la carretera panamericana, serpiente que se extiende paralela al mayor monumento de nuestro continente (lo omnipresente cordillera de los andes) llegué a la ciudad de Lima, entrando por el populoso acceso norte de la capital de Perú. Como latinoamericano, acostumbrado a presenciar el gran contraste de pobreza y riqueza en nuestras ciudades, no dejó de sorprenderme aún así, el precario asentamiento humano que se extendía a ambos lados del camino. Cientos de moradas hechas de esteras, cartón y plástico se distribuían ordenadamente, mientras que sus habitantes pululaban ya sea acarreando agua o simplemente haciendo vida social. Esa imagen de pobreza extrema vivida por muchísimas personas me escandalizó y me pregunté de las condiciones de esa sociedad que permitía que parte de su población llegara hasta ese nivel.

Pues bien, el anho pasado volví a Lima, esta vez como parte del equipo de IMR, y lo que ví en esta oportunidad cambió mi opinión hasta entonces sostenida por las imagenes relatadas anteriormente. Sin saberlo, había sido testigo de la primera etapa de un proceso de organización popular que buscaba, a través de la toma de terrenos, soluciones habitacionales (sabiendo además que en el mediano plazo contarían con el apoyo de las autoridades políticas y gubernamentales). Ahora, en este nuevo viaje podía apreciar la evolución de un proceso que se había estado repitiendo durante décadas.

Una táctica que permitiría a miles de familias un título de propiedad, una casa y una vida digna; y al estado, dar solución a una problemática habitacional mal administrada y solo resuelta a través de políticas populistas que otorgaba dos cosas: viviendas y votos.

El proceso es más o menos así: familias que se organizan y realizan una toma, resistiendo al principio los embates e intentos de desalojo por parte de la policía (que tiene que hacer cumplir la ley) hasta que la presión de los medios que muestran el abuso hacia los pobres (mujeres golpeadas, ninhos afectados por lacrimógenas y alguna desgracias personal) obliga al municipio, gobernación y legisladores a entrar en escena, en la búsqueda de soluciones consensuadas. Esto significa expropiación-compra de los terrenos invadidos en favor de la comunidad, eso sí, bajo ciertas condiciones. Ahí comienza la evolución propiamente tal.

Se demarcan y asignan los terrenos (surge también la especulación, el tráfico de tierras, la venta obscena de los metros cuadrados, etc.). Una vez trazadas las propiedades, calles y veredas, comienza la construcción (precaria al inicio). El acuerdo con el gobierno es el siguiente: si quieren calles y aceras pavimentadas deben primero construir la red domiciliaria para que luego entren en escena las empresas de servicios de agua potable/alcantarillado y electricidad. El barrio esta listo, comienza la autoconstrucción: de la choza de estera se pasa a la mediagua de tablas y piso de tierra, luego vendrá el ladrillo y el hormigón. Uno, dos y hasta 6 pisos, dependiendo generalmente del número de hijos que tenga la familia o del uso que se le quiera dar. Si el barrio crece en torno a algún mercado, la mayoría de las casas habilitarán la planta baja como negocio, si no, surgirá el boliche de la esquina y la botillería a media calle.

Casas de madera, calles de tierra y camiones cisternas repartiendo agua potable daran paso a barrios residenciales urbanizados, con jardines, casas hermosamente acabadas, servicios de recolección de basura y barrido de calles. Al mismo tiempo, la economía de la zona se activa: los comerciantes (otrora informales) se agrupan en organizaciones, el transporte público extiende sus rutas, las cadenas de farmacias, multitiendas, bancos y empresas de servicios abren nuevas sucursales y finalmente la senhora Janet sale en las manhanas a hacer compras para el almuerzo y la comida del día.

Como es entonces en una favela? como evoluciona, como se desarrolla la vida social y comercial?